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Pandemia y pospandemia: amenazas, esperanzas y adaptación

Comenzando este nuevo año académico, el panorama al que nos enfrentamos resulta complejo. En un contexto de crisis social, ambiental y sanitaria, amenaza y esperanza conviven con diversas intensidades y configuran una paradoja que nos permite también observar, no sólo el momento inmediato, sino también lo que ha sido y lo que podemos esperar que suceda en el futuro, si aprendemos nuestras lecciones de lo vivido durante este último año.

Podemos decir que 2020 estuvo marcado y conducido, en sus connotaciones más urgentes, por la palabra adaptación. Aunque en una primera mirada costara dimensionar el impacto de lo que venía, muy pronto comenzamos a vivir los efectos de la pandemia en todos los niveles de nuestro quehacer. Mientras asumíamos la migración de clases presenciales al uso de tecnologías y al desarrollo de plataformas, herramientas, capacitación y metodologías para dar continuidad a las clases en modalidad virtual, las desigualdades tan propias de nuestras sociedades volvían a manifestarse, crudamente, en las diferentes esferas del proceso.

Sin embargo, estudiantes, académicos, investigadores, profesionales y funcionarios, pudimos llevar adelante un año que, no exento de serios problemas, nos permitió entender que en momentos fundamentales como éstos, solo la colaboración y la perseverancia en la búsqueda del bien común, pueden conducir a enfrentar las circunstancias.

En ese contexto, pronto entendimos también no sólo la relevancia de dar continuidad a nuestras labores habituales sino, además, de conducir nuestras acciones en un compromiso ampliado y urgente con nuestras comunidades. Así, medios y redes de nuestra universidad se abocaron a informar y a generar actividades y contenidos de apoyo que fomentaran la salud física, el pensamiento y la cultura. Y, entre varias otras iniciativas, hubo una que resultó fundamental: nuestro Centro Asistencial Docente e Investigación (CADI-UMAG) que, a meses de ser inaugurado, se transformó en uno de los seis primeros laboratorios del país dedicados a analizar muestras de PCR, e investigar en torno a la propagación del Covid-19 en Magallanes, lo que contribuyó, significativamente, al manejo de la pandemia en la Región.

Ésas y otras experiencias nos permiten mirar con esperanza en este 2021 y actuar en consecuencia. Aunque continuaremos las clases en modalidad virtual durante el primer semestre, combinándolas con prácticas e internados resguardados, iremos evaluando el retorno a la presencialidad cuando las condiciones sanitarias lo permitan, teniendo en cuenta la salud y la seguridad de quienes integran la comunidad universitaria.

Lo que nos queda como gran lección es seguir observando el camino del bienestar colectivo y la colaboración a partir de lo hecho. Allí radica la esperanza y, en no observarlo, la amenaza. Y esto tiene una arista concreta: el gran logro del desarrollo de la virtualidad -que permitió enfrentar la actual crisis- debe seguir siendo abordado como un instrumento que ayude a enfrentar las desigualdades y las vinculaciones con los territorios. En tanto esta valiosa herramienta se utilice para el robustecimiento de las universidades en sus localidades y permita extender las posibilidades del trabajo colaborativo y el enriquecimiento mutuo con instituciones de otras latitudes, lo local y lo global entrarán en un diálogo que sólo puede resultar productivo y enriquecedor.

Cualquier otra mirada, cualquier desvío hacia el camino de la competencia y la desconexión con las comunidades, nos conducirá a una amenaza cuyas consecuencias serán amargas. Nuestra acción, junto con la de muchos otros actores, demostró que la ciencia hecha en el territorio resulta fundamental para enfrentar con esperanza los problemas y las amenazas de las crisis ecológicas, económicas y sociales del futuro.

El momento constitucional en Chile, una oportunidad para la enseñanza del Derecho

Chile ha decidido avanzar hacia una nueva Carta Fundamental, y lo ha hecho con un amplio respaldo ciudadano, casi un 80% de los votantes aprobó la propuesta de una nueva Constitución la que además será redactada por una “Convención Constitucional”, instancia integrada por 155 miembros cuyas elecciones se llevaran a cabo el próximo 11 de abril.

Sin dudarlo este es un hito histórico para el país, como lo es el que la Convención sea paritaria y esté integrada también por independientes y representantes de los pueblos originarios. La Convención Constitucional chilena tiene reglas de funcionamiento previamente definidas las que pueden resumirse en tres aspectos: 1° la nueva Constitución debe respetar los tratados internacionales vigentes que hayan sido suscritos y ratificados por Chile; 2° la Convención Constitucional tiene una única función, redactar la nueva Carta Política, no pudiendo atribuirse otras facultades o funciones, y 3° tiene un plazo definido para realizar su labor que es de 9 meses, contados desde su instalación, prorrogables por 3 meses más, por una sola vez.

Más allá de su formalismo este proceso es expresión de que las legítimas diferencias pueden ser canalizadas por la vía institucional, pacífica y democrática, tomando también lo positivo de la experiencia comparada en países de la región que con sus particularidades y contextos también han avanzado en la generación de nuevas constituciones con la participación directa de la ciudadanía, como es el caso de Ecuador, Bolivia o Colombia, lo que aporta legitimidad, ya que incluso más importante que la pulcritud de la técnica constitucional con que se redacte una Carta Política lo relevante es que represente a toda la sociedad, incluso a aquellos que no estuvieron de acuerdo con su elaboración, de ahí que el itinerario y la integración de las diferentes miradas y opiniones se traduzcan en un pacto social, en una convención de la cual todas y todos se sientan parte.

Chile vive lo que Bruce Ackerman denomina el “Momento Constitucional” lo que representa sin dudarlo una oportunidad para las universidades y en especial para las facultades de Derecho, por cuanto los espacios de reflexión, de intercambio de ideas y debates, sobre los contenidos de una nueva Carta Política, requieren del indispensable aporte de la comunidad académica y, en eso, las facultades de Derecho deben estar a la altura de las exigencias que este histórico contexto les demanda.

No por nada nuestra facultad, la Facultad de Derecho y Humanidades de la Universidad Central, el año 2021 impartirá el Doctorado en Derecho, cuyas líneas de investigación son temáticas todas vinculadas con una nueva Constitución: la teoría de la justicia y los derechos fundamentales; el derecho penal y la justicia restaurativa y el derecho privado patrimonial.

Con la formación de investigadores bajo la guía de un claustro académico de primer nivel, seguiremos aportando y respondiendo, ahora con más fuerza y vigor, al imperativo ético que nos demanda el país en la formación de futuros juristas para Chile.

El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de Learn Chile.

Internacionalización en casa, una oportunidad de largo plazo en tiempos de pandemia

En el escenario globalizado y competitivo que estamos viviendo, las IES se enfrentan al gran desafío de incorporar en su modelo educativo las competencias que definen a un profesional global, a saber: pensamiento crítico, perfil innovador y adaptativo, flexible a las nuevas tecnologías, capaz de desenvolverse en un equipo multicultural y de comunicarse eficazmente en más de un idioma.

La manera tradicional de adquirir o contribuir a la adquisición de tal perfil global ha sido -al menos en Latinoamérica- la realización de estancias en el extranjero. Sin embargo, la pandemia de COVID-19 ha impuesto restricciones al corto y mediano plazo a este tipo de actividades. Más aún, incluso sin las limitaciones impuestas por pandemia, es un porcentaje muy reducido de los estudiantes chilenos los que normalmente pueden acceder a “movilidad tradicional” debido a las barreras idiomáticas, económicas y curriculares.

De este modo, se hace evidente la conveniencia de proveer oportunidades de aprendizaje global en nuestros campus para todos los estudiantes, no solo para aquellos que pueden realizar movilidad tradicional. En otras palabras, la internacionalización en casa se revela como una herramienta de largo plazo para incorporar intencionadamente la dimensión internacional e intercultural en el proceso de enseñanza – aprendizaje.

Coincidentemente, durante el último año y debido a la emergencia sanitaria que afecta a gran parte del mundo, hemos observado en nuestro país una rápida adopción de herramientas de e-learning y uso de plataformas de enseñanza online, lo que – además de representar una solución a la emergencia- ha venido a constituir una oportunidad en términos de aumentar el alcance de las IES (es decir, llegar a más estudiantes) y de proveer una vía de comunicación instantánea y eficaz, que permite el establecimiento de redes entre instituciones y países, la colaboración interinstitucional e intercultural y la creación de programas educativos que benefician a varias naciones.

Mediante el uso de tecnologías y su incorporación en la docencia formal e informal se puede generar un vector de internacionalización curricular dinámico, a bajo costo y con alto impacto en nuestros campus. Nuestros estudiantes pueden aprender sobre la disciplina que están estudiando desde otra perspectiva, pueden adquirir habilidades de alfabetización digital, estarán mejor preparados para trabajar en equipos multiculturales y mejorarán sus habilidades comunicativas cuando trabajen con hablantes no nativos de español.

En suma, a pesar de todos los retos impuestos por las condiciones sanitarias actuales, el uso de la tecnología con fines docentes permite avizorar una oportunidad en términos de acercar oportunidades de experiencias internacionales a la vasta mayoría de nuestros estudiantes y asegurar de este modo la adquisición de un perfil profesional acorde con las necesidades de un mercado laboral globalizado.

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Tiempos de colaboración para la excelencia universitaria

La actual pandemia que estamos viviendo es una antesala de las futuras crisis ambientales, sociales y económicas que tendremos que enfrentar en el futuro. Este escenario ha puesto de manifiesto la necesidad del trabajo colaborativo para enfrentar con éxito los problemas complejos que nos aquejan. Por eso, este enfoque colaborativo está permeando en todo nuestro quehacer universitario, es decir, en nuestra docencia, investigación y en la vinculación con el medio.

En términos de docencia, hemos avanzado tremendamente en la implementación de metodologías virtuales que faciliten el proceso del aprendizaje, la interacción entre estudiantes, y las clases invertidas. También estamos trabajando para implementar metodologías de aprendizaje colaborativo internacional online (COIL), las cuales permiten la interacción virtual entre estudiantes de universidades de distintas culturas. Además, nuestros estudiantes están accediendo a la movilidad virtual y a programas especiales que convocan a estudiantes de distintos países, potenciando las competencias interculturales en ellos.

La vinculación con el medio ha avanzado en la lógica de la bidireccionalidad y co-creación con socios estratégicos externos a la universidad. En este sentido, nos nutrimos de la colaboración con actores externos a la universidad y aumentamos el impacto de nuestra docencia e investigación.

Nuestra universidad está entre las más destacadas a nivel nacional en términos de investigación. Sabemos que la investigación en red es crucial para seguir avanzando en excelencia y generando impacto en nuestra sociedad. Muchos de nuestros investigadores participan en redes nacionales e internacionales, desarrollando ciencia básica y aplicada en áreas muy variadas. Además, nuestra universidad cuenta con dos Núcleos Científico-Tecnológicos enfocados en desarrollar investigación de punta, uno en el área de Biorecursos y el otro en Ciencias Sociales y Humanidades. Ambos núcleos cuentan con infraestructura y tecnología de primer nivel y tienen programas de postgrados asociados.

En total, nuestra universidad cuenta con 10 doctorados y 28 programas de magíster, en diversas áreas disciplinares. Tenemos programas con amplia trayectoria y acreditación nacional e internacional, tales como el Doctorado en Ciencias de Recursos Naturales y el Doctorado en Ciencias Mención Biología Celular y Molecular Aplicada.

Además, muchos de nuestros programas de postgrado cuentan con la posibilidad de obtener el doble grado, en convenio con programas de universidades extranjeras como la Universidad Católica de Lovaina (Bélgica), Macquarie University (Australia) y Universidad de Sao Paulo (Brasil). En nuestros programas de postgrado, aproximadamente un 10% de los estudiantes son internacionales, de diversos países como Colombia, Cuba, Ecuador, Haití, y Perú. Por otra parte, cerca de un 55% son mujeres. Para nosotros es un orgullo contar con una comunidad de estudiantes de postgrado multicultural y consideramos relevante la equidad de género para avanzar hacia una sociedad más justa y equitativa.

Son tiempos difíciles, pero también son tiempos de colaboración.  Nuestra universidad tiene un fuerte compromiso con su territorio y con enfocar su investigación en problemáticas relevantes para la sociedad. Estamos convencidos de que podremos seguir avanzando en la excelencia, trabajando en conjunto como sociedad y fomentando las redes de colaboración, sin fronteras.

El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de Learn Chile.

Innovación en universidades como compromiso con el desarrollo sostenible del país

En septiembre de 2015, la Organización de Naciones Unidas adoptó en acuerdo con diversos actores, tanto de la sociedad civil como con representantes del Estado, una agenda común de desarrollo sostenible. Esta incluye una serie de objetivos relacionados con distintos tópicos, dentro los cuales uno de los ejes centrales es la protección del planeta. Adicionalmente, y siguiendo con esta tendencia mundial, nuestro país promulga en el 2016, la Ley Marco para la Gestión de Residuos, la Responsabilidad Extendida del Productor y Fomento al Reciclaje (Ley REP, N° 20.920).

Esta ley busca regular los residuos de seis productos prioritarios donde destacan neumáticos y envases y embalajes, entre otros. Este escenario mundial nos invita a buscar soluciones conducentes al desarrollo de tecnologías en armonía con el planeta donde la investigación que se da en nuestras universidades puede ser determinante en cumplir con un desarrollo sostenible.

La Universidad Católica del Maule ha tomado este desafío generando líneas prioritarias dedicadas al medioambiente, recursos naturales y energía; donde el sub-área biotecnología ha sido fuertemente desarrollada en la institución. Actualmente, el grupo de investigación en bioprocesos, en sintonía con la ley REP, busca lograr la biodegradación del caucho, a través de la identificación de microorganismos que tengan enzimas que posean una alta actividad de degradación de los distintos componentes de este material, partiendo de su materia prima más directa, es decir, neumáticos.

El proceso incluye producción a gran escala de bacterias y hongos conteniendo enzimas que llevan a cabo este proceso, que además requiere un monitoreo constante de la toxicidad de los productos derivados del ciclo de degradación. El proyecto fue generado en colaboración con Alemania donde se hicieron los estudios básicos (caracterización bacteriana y enzimática) y, luego, ha sido desarrollado en el Maule con el fin de, además, implementar estrategias para la utilización de los productos derivados de esta en la generación de nuevos materiales.

Asimismo, es de especial interés para la Universidad Católica del Maule, poder contribuir al reciclaje con impacto regional y apoyar con innovación basada en investigación a las empresas de la zona. En este punto, la Universidad ha establecido un contrato tecnológico con viñedos Emiliana, Concha y Toro y Cono Sur que busca valorar sus residuos para la generación de enmiendas de suelo, dentro de un plan denominado “Vitivinicultura circular”. Los investigadores han realizado análisis de sustrato, optimización de procesos de compostaje con hongos y bacterias, especialmente identificados para el tratamiento de los distintos residuos de estos viñedos.

Además de la ley REP, Chile firmó el Pacto Chileno de los Plásticos (PCP), que busca disminuir consumo de plástico per cápita. Se busca que todos los plásticos deban ser reciclados o, alternativamente, se deben ocupar plásticos que sean completamente biodegradables. Actualmente, científicos de la Universidad están trabajando en envases biodegradables para exportación, basados en residuos industriales. Esta apuesta busca reemplazar la actual producción de envases a partir de cultivos, además de contribuir al reemplazo de envases tradicionales provenientes de la industria petroquímica. El uso de residuos industriales se plantea como una opción plausible, especialmente en la actualidad, ya que se ha detectado una escasez mundial de plásticos biodegradables, como es el caso del PLA (ácido poliláctico).

Finalmente, y debido a que la investigación es un elemento crítico para la generación de nuevas tecnologías, reconocemos la importancia de realizar análisis de ciclos de vida para cada producto, con el fin de demostrar los beneficios ambientales, más allá de los bioprocesos. Estamos conscientes que la innovación sustentable implica estrategias inteligentes que incluyan investigación, transferencia y tecnología, y que estas se verán beneficiadas por una comunicación fluida con las empresas e industrias, además del diálogo internacional tan necesario para no cometer errores ya evidenciados. Creemos firmemente que nuestras instituciones están preparadas para este desafío.

El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de Learn Chile.

Una nueva estrategia de innovación para Chile y su posicionamiento internacional

Dos son los desafíos que tiene que asumir una nueva estrategia de innovación y transferencia tecnológica para el Chile actual: 1) avanzar hacia un modelo multidisciplinario y multidimensional, en que el uso de los recursos esté alineado con objetivos e impactos positivos en lo económico, social y ambiental; 2) implementar un modelo de innovación conectiva que promueve la asociatividad y colaboración de todos los actores (universidades, empresas, sociedad civil, Estado) y que permita, al mismo tiempo, la proyección internacional  de los resultados de investigación, de modo tal que contribuyan a promover a Chile como un país innovativo.

Para avanzar en esta innovación adaptada a los nuevos tiempos, tenemos que seguir insistiendo en disminuir la brecha entre industria y universidades. Así como generar un lenguaje, una visión y confianzas compartidas para que la enorme cantidad de proyectos de investigación que se realizan año a año en Chile, llegue donde debe ser: a los usuarios y al mercado, agregando valor real en productos, procedimientos, servicios, no solo del sector empresarial sino que también de la sociedad civil.

Para ello se requiere, en primer término, avanzar en una convergencia de intereses entre el sector productivo y la academia, con el objeto de construir un círculo virtuoso y de sinergia entre los actores, que conduciría a procesos de investigación, desarrollo e innovación (I+D+i) coparticipados y alineados en todas sus etapas, desde la formulación de proyecto hasta la innovación útil.

En otras palabras, hay que terminar con la división rígida y tajante que impera actualmente: la investigación y desarrollo corresponde a la universidad, mientras que la innovación y puesta en el mercado, a la empresa; cada uno invierte y resguarda única y exclusivamente su etapa. Por esta razón, nos enfrentamos hoy a falencias, como el desarrollo de conocimiento “inútil”, “innecesario”, “superado” o “duplicado”; una crónica falta de inversión y de interés por parte de las empresas en los proyectos de investigación e innovación; un Estado que asume una carga sobredimensionada en financiar la I+D en universidades; una institucionalidad pública que se desgasta en programas de fomento de la innovación.

Entonces, ¿cómo logramos esta mayor conexión entre el mundo universitario y el empresarial? Simplemente, estableciendo reglas e incentivos adecuados que, por un lado, permiten tomar conciencia de que el destinatario de la productividad científica, no son los integrantes de la comunidad académica nacional o internacional, sino que la sociedad como un todo, sea regional, nacional o la humanidad.

Por otro lado, se requiere promover la colaboración genuina entre ambos sectores, desde la misma formulación de un proyecto de investigación e innovación hasta la comercialización masiva de los resultados del mismo. Solo este espíritu de colaboración permitirá enriquecer la investigación desde el inicio del proceso, con un enfoque en el uso práctico y el potencial comercial, además de generar una mirada interdisciplinaria del desafío tecnológico.

En todo este proceso de cambio, al Estado le corresponde cumplir el rol de facilitador y organizador de un ecosistema de cooperación y confianza, para lo cual ha habido señales alentadoras en los últimos años, a través de actores que crean la sinergia necesaria para pavimentar este camino.

Este avance debe ir de la mano con un cambio de la cultura de desarrollo en el país. Sin lugar a duda, una apuesta relevante es fortalecer la labor de los Hubs tecnológicos que han visibilizado el conocimiento tecnológico creado en las casas de estudio y permitido formar una conciencia de la relevancia para posicionar, ojalá de manera definitiva, la innovación y el emprendimiento chileno en el mundo. Soy un convencido de que los Hubs son el camino, no solo para generar la confianza necesaria entre el mundo universitario académico y el mundo productivo económico, sino para ser parte del esfuerzo de internacionalización de las universidades chilenas.

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Gobernanza de establecimientos universitarios en tiempos de crisis

Previo a la pandemia, el país vivió una crisis social que se inició el 18 de octubre de 2019, que se extendió por varios meses y que solo se vio interrumpida por la llegada del Coronavirus. Desde ese período, el sector educación superior se ha visto afectado por la interrupción y ausencia de normalidad de las actividades docentes. Esto obligó a universidades e institutos a tener que adaptar y emplear plataformas tecnológicas para darle continuidad a la función pedagógica.

Esta crisis sanitaria nos sorprendió en pleno inicio del primer semestre de clases. En la generalidad de los establecimientos, el ingreso de alumnos de primer año fue con fecha 16 de marzo y la gran masa de estudiantes antiguos debía hacerlo el día 30 del mismo mes. Y fue justamente entre el 16 y 20 de marzo que las entidades cerraron sus puertas y se vieron obligadas a impulsar la actividad académica de manera virtual.

Para contextualizar, en Chile, el 80% de los ciudadanos toma vacaciones en febrero de cada año. Entonces, el retorno del personal académico y administrativo se produjo el 02 de marzo. Con la pandemia en ciernes, la educación superior activó el “Plan anti-pandemia”. En el caso de varias universidades, éste existe desde el año 2010, cuando surgió el brote mundial de influenza H1N1, por lo que ello dio origen a que se constituyeran los respectivos comités de crisis para revisar los protocolos y ponerlos en ejecución.

Esta histórica alarma sanitaria obligó a las universidades a cambiar su metodología en la educación. Actualmente, la práctica pedagógica está en pleno desarrollo, a través de clases online, utilizando plataformas virtuales como Moodle o Zoom, entre otras. Esto implicó que un número importante de académicos de la educación terciaria, migrara a una nueva forma de realizar la docencia y con una gran batería de herramientas.

Por su parte, para las actividades de investigación, las universidades hacen su mayor esfuerzo en continuar desarrollando la forma en que cada especialista, de manera autónoma, siga liderando sus proyectos. En lo que concierne a los trabajos en laboratorios, los investigadores han debido rotar su ingreso a las instalaciones para que puedan seguir avanzando en sus experimentos, respetando los protocolos sanitarios que se han instaurados por las instituciones.

Durante esta crisis, la investigación juega un rol fundamental para el país, por lo que se ha hecho necesario crear nuevas fuentes de difusión para el financiamiento de proyectos entre la comunidad académica universitaria.

En cuanto al apoyo a los estudiantes, diversas instituciones han puesto a su disposición unidades de conectividad móvil para mejores enlaces que soporten el proceso enseñanza – aprendizaje online, además de equipos computacionales y tablets, entre otros.

Es de particular importancia sumar las actividades de extensión. Durante la pandemia, las plataformas digitales han jugado un rol fundamental para la difusión masiva de las diversas acciones que las instituciones han puesto a disposición de la comunidad, destacando la lectura, el deporte en casa, el bienestar y el medio ambiente.

Para una eficiente y eficaz gobernanza frente a esta crisis -que exige abordar la integralidad de aspectos académicos, administrativos y financieros-, ha sido de gran utilidad el uso de la diversidad de herramientas de comunicación online existentes. Estas plataformas son de rápido acceso, permiten una interacción horizontal entre los participantes, una comunicación sincrónica, compartir documentos y analizarlos en conjunto de una forma aún más expedita que cuando se realizaba en la modalidad presencial.

Un direccionamiento más cercano de la universidad en tiempo de crisis, así como un involucramiento más directo del rector en la cobertura de temas operativos y la participación activa en determinados equipos para abordar situaciones contingentes, constituyen una muy buena práctica, la que impactará positivamente en la gestión institucional.

Para una gobernanza efectiva y eficiente, los rectores, además, deben desplegar funciones hacia afuera de sus instituciones y en su representación; involucrándose, participando y constituyendo equipos de trabajo, acortando las distancias en la estructura organizacional. De esta manera, surge la oportunidad para que colaboradores de nivel operativo puedan interactuar y demostrar sus capacidades para hacer frente de mejor manera a esta crisis.

Hemos tenido que aprender a revisar y tener actualizados los planes de seguridad (a nivel institucional y de los países), dado que los riesgos globales serán más frecuentes de lo que lo han sido en la historia de la humanidad. En particular, en el caso de Chile, hemos vivido entre ocho a diez crisis sanitarias, breves y prolongadas, en los últimos 150 años. En materia de gestión de riesgos, los protocolos de seguridad van a perdurar por mucho tiempo y eso dice relación con aspectos sanitarios y de distanciamientos entre las personas.

Por último, el aprendizaje que nos dejará la llegada de esta pandemia es que debemos ocuparnos de los aspectos emocionales y afectivos de nuestra comunidad, a través de acciones que nos ayuden a identificar los factores de riesgo, implicando una detección oportuna de los cambios emocionales y la habilitación de un verdadero ecosistema de bienestar y felicidad.

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COVID-19: Sistema universitario responde eficientemente al desafío

“Somos el país de Latinoamérica que más exámenes hace por millón de habitantes, con cerca de 50 mil”, comentó emocionado el ministro de Salud de Chile (Minsal) Enrique París, en junio, evidenciando la capacidad de respuesta de las diversas instituciones a un problema de magnitud mundial, instancia en que las universidades han sido fundamentales, jugando un rol activo para responder eficientemente a esta crisis.

De los 100 centros habilitados para la detección de COVID-19, 40 están ubicados en hospitales públicos, 32 en laboratorios privados y 28 en universidades, con una capacidad máxima de procesar 23 mil exámenes diarios. El aporte de las instituciones educacionales es indudable, acción que da cuenta de un ecosistema de investigación existente previo a la pandemia, con las capacidades necesarias. En Chile hay investigación de calidad y nivel internacional.

Los laboratorios universitarios fueron revisados por la autoridad sanitaria y certificado por organismo técnicos antes de recibir las primeras muestras. Las universidades chilenas han puesto al servicio del país su infraestructura, equipamiento e investigadores, estimulando así la colaboración entre entidades gubernamentales, públicas y privadas para dar solución a los principales dilemas que nos aquejan.

Junto con aportar con el procesamiento de PCR, las universidades se han volcado durante este tiempo a desarrollar una serie de innovaciones y proyectos de investigación en distintas áreas, desarrollando desde elementos de protección personal hasta ventiladores mecánicos y tratamientos experimentales contra el Coronavirus.

Nuestros investigadores postergaron, por el momento, el trabajo de investigación científica porque entienden que nuestra responsabilidad como universidades y, en especial como Universidad Autónoma de Chile, es contribuir a superar esta pandemia desde nuestro ámbito de acción. Creo que este tiempo permitió visibilizar lo mejor de nuestra institución con profesionales íntegros y comprometidos socialmente, sirviendo al país desde cada una de sus disciplinas.

Además, fuimos capaces de crear una red, que se adaptó rápidamente y que aportó territorialmente a la crisis sanitaria cuando el sistema público necesitó de refuerzos. “Son un grupo de laboratorios de emergencia, por así decirlo” señaló en su momento Carolina Torrealba, subsecretaria de Ciencias. Fundamental en esta acción conjunta ha sido la coordinación de la Subsecretaría, que a través del despliegue territorial con las diversas subsecretarías regionales ha coordinado a los equipos, aumentando la capacidad de diagnóstico en todo el territorio nacional.

Mientras no exista una vacuna que evite el avance y propagación del Coronavirus, el testeo oportuno y temprano es la principal herramienta de combate y contención para enfrentar la amenaza, y serán nuestras universidades las llamadas a estar ahí, en primera línea, mientras el país lo necesite.

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Postgrados con alta representación internacional y con paridad de género

La Universidad Austral de Chile dispone de una amplia y variada oferta de programas de Doctorado y Magíster, que han consolidado a nuestra casa de estudios superiores como una alternativa de excelencia para estudiantes nacionales y extranjeros que quieran venir a cursar estudios a la Patagonia.

Contamos con 11 programas de Doctorado acreditados, que van desde el área Acuícola hasta las Comunicaciones, y 30 programas de Magíster, -de los cuales el 78 % está acreditado-  impartidos por cada una de las facultades de nuestra institución, todos con un alto prestigio nacional como internacional, condición que ha permitido que cada año el interés de alumnos extranjeros crezca. Sus altos estándares en materia de infraestructura, docencia, nivel de investigación y capacidades humanas, resaltan en la oferta académica.

Así, se ha podido comprobar que, en diversas áreas del quehacer científico, se han matriculado alumnos provenientes de países de nuestro continente, tales como Venezuela, Colombia o Ecuador y de otros tan alejados como Nigeria, Angola o Nueva Zelanda, lo que constituye un orgullo para nuestra casa de Estudios Superiores. Incluso en los Doctorados en Acuicultura o el de Ciencias Mención Ecología y Evolución, es posible apreciar que sus matrículas alcanzan el 50 % de estudiantes extranjeros.

Otras áreas que son de alto interés internacional corresponden a los Doctorados en Ciencias Agrarias y en Ciencias Veterinarias. Ambos programas cuentan con un vasto prestigio internacional, y son desarrollados bajo una modalidad multidisciplinaria, en la que participan académicos de la Universidad Austral de Chile pertenecientes a las Facultades de Ciencias Agrarias, de Ciencias y de Ciencias Veterinarias, así como destacados docentes e investigadores de otras Universidades e Institutos de Investigación nacionales y extranjeros. El gran interés de los postulantes a nivel internacional da cuenta de la formación de excelencia que entrega nuestra institución en cada uno de estos sectores.

Además, nuestra corporación cuenta con una nutrida oferta de becas que son otorgadas por la Dirección de Postgrado o por cada una de las Escuelas de Graduados. A ellas se suman las de la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo (ANID), la AGCID u otras a las que pueden acceder los estudiantes desde sus propios países.

Es interesante mencionar que de todos los estudiantes que cursan los programas de doctorado, el 50 %, corresponde a mujeres, situación que es muy alentadora porque da cuenta del interés que tenemos las mujeres en áreas de investigación conducentes al Doctorado en Ciencias Médicas,  al Postgrado en Ciencias (mención Biología Celular y Molecular) y al Doctorado en Microbiología, programas en que la cantidad de mujeres supera a los hombres.

En ese sentido, nuestra misión como  Universidad es promover los programas de Postgrado en todas su áreas, sin disparidad de género, pues tenemos la convicción que desde hace un tiempo, las mujeres estamos abarcando áreas tan diversas y en muchas ocasiones masculinizadas, abriendo puertas a generaciones que tendrán mayores oportunidades al momento de elegir su formación académica y de investigación.

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Reinventarse y afrontar los desafíos de la internacionalización

La internacionalización de las instituciones de educación superior se ha desarrollado en los últimos años basada en el intercambio académico de estudiantes y académicos y, también, en la internacionalización del currículum y dobles grados y titulaciones. No obstante, todo esto se ha visto trastocado con la pandemia que estamos viviendo. Los alumnos y profesores no han podido viajar a otros países y asistir a clases, seminarios, congresos y reuniones presenciales en instituciones extranjeras. Las acciones tradicionales de movilidad e intercambio académico internacional han tenido que reinventarse y encontrar soluciones rápidas y válidas para enfrentar este desafío.

La internacionalización virtual nació como una solución lógica a esta problemática, ya que permite que alumnos puedan acceder a cursos online de universidades extranjeras e interactuar con otros estudiantes de una universidad, sin dejar su país de origen. Si bien esto no reemplaza la necesaria interacción cultural entre alumnos y la experiencia de vivir en otra cultura, posibilita que aquellos que hasta ahora no han tenido los medios económicos para viajar al extranjero a un semestre o un año de intercambio, puedan tener la posibilidad de acceder a una movilidad virtual y a una interacción online.

Esto ha permitido una verdadera democratización del intercambio estudiantil, hasta ahora reservado sólo a aquellos alumnos de educación superior con recursos económicos suficientes como para viajar y mantenerse en el extranjero un semestre o un año, y aquellos que obtenían becas de instituciones públicas y privadas.

Pero no sólo las posibilidades que se abren son para los alumnos, también los profesores de pueden tener la posibilidad de dictar clases online con pares extranjeros y sumar una valiosa interacción de aprendizaje virtual para sus alumnos. Lo que se denomina en inglés Collaborative Online International Learning (COIL), o Aprendizaje Colaborativo Internacional Online, permite que la enseñanza en distintas áreas y especialidades pueda ser compartida entre docentes de diferentes países e instituciones y los alumnos se vean beneficiados con un conocimiento más amplio y diverso.

Por otra parte, el hecho de que los innumerables webinars en distintas áreas del conocimiento, estén permitiendo que profesionales y expertos de distintas partes del mundo se unan virtualmente para compartir con un público, también internacional, sus ideas y conocimientos, generando una rica interacción inmediata de los participantes, ha sido una verdadera revolución en cercanía y costos. Cuando empezó esta pandemia, no imaginamos la cantidad de conocimiento que se iba a empezar a compartir y a crear a través de las plataformas virtuales. Nuestros miedos de perder los acercamientos y la interacción entre instituciones y académicos, nos llevó a generar acciones que dieron un vuelco a lo que hasta ese entonces era considerado cómo lo que se podía hacer en esta área.

En consecuencia, las instituciones de educación superior deben aprovechar esta etapa de dificultades que nos ha puesto la pandemia para reinventarse y afrontar los desafíos de la internacionalización con nuevas miradas y objetivos, que tiendan a masificar las posibilidades de acceso a este indispensable proceso de intercambio de conocimientos y cultura en la educación de sus alumnos. Los actuales medios de comunicación e interacción virtuales nos están acercando cada vez más a un necesario mejor acceso a la internacionalización a nuestros alumnos y profesores.

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